LA
PRINCESA DE FUEGO
- Esa
piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón.
Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo
cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.
El
joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada.
Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante
meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo
duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al
fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca
surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que
ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo
importante.
Durante
los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la
piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo
importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país
tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados
por su carácter y cercanía, y su sola prensencia transmitía tal calor humano y
pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La
princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días
Los malos vecinos
- ¡Qué descarado, el tío va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!
Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche vació su papelera junto a la puerta del primer vecino. Este estaba mirando por la ventana en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día. Estaba roto en mil pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle nada, y se puso a preparar su venganza. Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de los animales y sus malos olores. Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.
Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada vez más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar a una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la tapia, lanzar una lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos...
Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie...
Y así fue, hablando, como aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.
La competición de vuelo
Dos murciélagos se preparan para una gran competición de vuelo en la
que participan todos los murciélagos. El día del concurso, la pequeña
murciélaga vuela de forma increíble, mereciendo claramente el galardón. El
otro, aunque está muy decepcionado por no haber ganado, corre a felicitarle y
darle la enhorabuena, mientras el resto la critica o se marcha enfadado.
Agradecida, la campeona decide compartir el premio, y el pequeño murciégalo, no
sólo obtuvo el premio del concurso, sino el de ganar una amiga, y todo ello
sólo por saber perder con deportividad.
El Hada y la Sombra
Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades
llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre,
existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa,
todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos
malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada
cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos,
pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación
posible para todos.
El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que
sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron
acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más
leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que
lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y
noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante
tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a
medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente,
ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto
al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba
como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os
dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No
voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".
Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de
Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a
entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a
cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus
días...
La poderosa magia de la Piedra de Cristal
permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada
noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso
compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo,
queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada
ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche,
todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.
LA
INVITACION PARA EL GRAN BAILE
Un príncipe
terriblemente desordenado nunca hace caso a sus padres cuando le piden orden.
La princesa del reino vecino, de la que está enamorado en secreto, organiza un
gran baile e invita a todos los príncipes de los alredores. El príncipe está
emocionado y lo prepara todo con esmero, pero el día del baile no encuentra la
invitación entre el desorden de su cuarto. La busca desesperado y no la
encuentra, y al final decide ordenar todo su cuarto, encontrando la invitación
justo encima de la mesa. Para cuando llega al baile ya se marchaban todos y se
vuelve muy triste y habiendo aprendido la lección. Pero tuvo suerte, y como no
encontró novio, la princesa repitió el baile poco después, y como esta vez tuvo
todo ordenado, no perdió la invitación y pudo conocer a la princesa, que
también se enamoró de él.
